
Desde las primeras construcciones de la Edad del Bronce hasta las grandes obras civiles del siglo XIX, la madera fue el material estructural más utilizado en la Península Ibérica. Su abundancia en los bosques peninsulares, su facilidad de trabajo y sus excelentes propiedades mecánicas la convirtieron en el recurso de construcción por defecto durante milenios. Puentes, molinos, iglesias, palacios y viviendas humildes compartían un denominador común: la madera como esqueleto portante.
Los romanos ya utilizaban la madera de manera sistemática en sus construcciones en Hispania, tanto en las estructuras de cubierta de sus basílicas y termas como en la ingeniería militar: puentes de campaña, maquinaria de asedio, empalestradas. Los bosques de roble y pino del norte peninsular fueron explotados intensamente, y las técnicas de carpintería de armar alcanzaron un nivel de sofisticación notable, con sistemas de ensamble que prescindían de elementos metálicos.
La carpintería de lo blanco: la gran tradición hispana
El período medieval y, especialmente, los siglos XV al XVII representan la cumbre de la tradición española de la carpintería estructural. La llamada «carpintería de lo blanco» —término que designaba la carpintería de madera sin pintar, en contraposición a la carpintería pintada o policromada— produjo algunas de las obras más espectaculares de la historia de la construcción en madera: los artesonados mudéjares, las techumbres de catedra les, los alfarjes de palacios y conventos.
Los carpinteros medievales españoles desarrollaron sistemas estructurales de una complejidad geométrica y una precisión de ejecución extraordinarias. Las techumbres del mudéjar toledano, los artesonados granadinos y las armaduras de par y nudillo de las iglesias castellanas son hoy Patrimonio de la Humanidad, y representan un conocimiento técnico y artesanal que tardó siglos en construirse y que exige hoy una conservación especializada.
Los forjados de madera: columna vertebral del patrimonio urbano
En la arquitectura urbana histórica española, el forjado de madera fue durante siglos la solución estructural horizontal universalmente adoptada. Viguetas de madera, separadas entre 50 y 80 centímetros, sobre las que se apoyaba un entramado de revoltones cerámicos o simplemente un encofrado de tablillas, conformaron el sistema constructivo de miles de edificios en las ciudades españolas. Muchos de estos forjados siguen en servicio hoy, después de 150, 200 o incluso 300 años.
La durabilidad de estos forjados no es casual: responde al conocimiento empírico de los maestros de obras históricos sobre la selección de la madera, el secado correcto, la ventilación de las secciones y el mantenimiento periódico. Cuando estos forjados presentan problemas hoy, la causa suele ser la interrupción de ese mantenimiento, las modificaciones inadecuadas o la aparición de humedades que los carpinteros originales habían evitado cuidadosamente.
El siglo XIX y la llegada del hierro: el declive de la madera estructural
La Revolución Industrial transformó radicalmente el panorama de los materiales de construcción. La producción masiva de hierro y, posteriormente, del acero laminado, ofreció al sector de la construcción un material que parecía superar a la madera en todos los aspectos: mayor resistencia, mayor homogeneidad, ausencia de variabilidad natural. A finales del siglo XIX, las estructuras metálicas comenzaron a desplazar a la madera en los usos más exigentes.
La aparición del hormigón armado en las primeras décadas del siglo XX aceleró este proceso. El hormigón era barato, moldeable, resistente al fuego y no requería la especialización artesanal que exigía la carpintería de armar. A partir de los años 50, la madera quedó prácticamente relegada a usos secundarios en la construcción española: carpintería de huecos, encofrados y, en zonas rurales, algunas estructuras de cubierta.
La herencia olvidada: el estado del parque edificado
El abandono de la madera estructural como material principal no eliminó su presencia en el parque edificado español: simplemente dejó de mantenerse. Millones de metros cuadrados de forjados, cubiertas y estructuras de madera en los centros históricos de nuestras ciudades comenzaron a degradarse por falta de mantenimiento, por intervenciones inadecuadas y por la instalación de sistemas de saneamiento que introducían humedades en las estructuras.
La situación se agravó con la especulación urbanística de las décadas de los 60 a los 80, cuando muchos edificios históricos fueron demolidos para construir nuevos bloques de hormigón. Los que sobrevivieron lo hicieron, en muchos casos, con sus estructuras de madera en un estado de deterioro avanzado, frecuentemente enmascarado por falsos techos y revestimientos que ocultaban los problemas sin resolverlos.
El renacimiento: la madera estructural en el siglo XXI
A partir de los años 90, coincidiendo con el auge de las políticas de rehabilitación y conservación del patrimonio arquitectónico, la madera estructural comenzó a recuperar protagonismo en España. La entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación en 2006, con su documento básico SE-M específico para la madera, y la transposición de los Eurocódigos europeos, dotaron al sector de un marco normativo moderno que reconocía a la madera como material estructural de pleno derecho.
Hoy, la madera estructural vive un renacimiento impulsado por tres factores convergentes: la sostenibilidad ambiental (la madera es el único material estructural renovable), las exigencias de conservación del patrimonio histórico y las innovaciones tecnológicas —CLT, glulam, sistemas prefabricados— que abren posibilidades constructivas inéditas. En RETMA somos parte de este renacimiento, trabajando cada día para recuperar y preservar el patrimonio estructural de madera de España.
El papel de los especialistas en la preservación del patrimonio maderero
La rehabilitación de estructuras de madera históricas no es una tarea que pueda abordarse sin conocimientos específicos. Requiere comprender la naturaleza del material, dominar las técnicas tradicionales y modernas de reparación, y tener criterio suficiente para decidir cuándo es posible y conveniente conservar un elemento y cuándo es necesario sustituirlo. Este conocimiento especializado es hoy más necesario que nunca, dado el enorme volumen de patrimonio edificado en madera que requiere atención en España.
Las técnicas modernas de consolidación con resinas epoxi, el refuerzo con varillas de fibra de vidrio y los sistemas de tratamiento contra xilófagos han ampliado enormemente las posibilidades de conservación. Hoy es posible recuperar elementos estructurales de madera que hace veinte años habrían sido irremediablemente sustituidos, manteniendo la autenticidad histórica del edificio y reduciendo el impacto ambiental de la intervención. Visita nuestra página web, retma.es, y no dudes en ponerte en contacto con nosotros.
