
Ante la aparición de señales de xilófagos —orificios de vuelo, polvo o serrín bajo las piezas, enjambres de alados, sonido a hueco— lo primero es determinar si la infestación está activa o si corresponde a un ataque antiguo ya extinguido. Esta distinción es fundamental porque condiciona la urgencia y el tipo de intervención. Una infestación activa exige tratamiento inmediato; una infestación antigua, ya inactiva, requiere ante todo la evaluación del daño estructural producido y la adopción de medidas preventivas para evitar una reinfestación.
Para confirmar la actividad de una infestación, los técnicos de RETMA utilizan varios métodos: limpieza de las superficies afectadas y observación de si reaparece polvo nuevo en las semanas siguientes, introducción de trampas de monitorización, uso de detectores acústicos que amplifican los sonidos de excavación de las larvas, e inspección visual bajo luz rasante que permite detectar orificios de vuelo recientes (de color más claro que los antiguos, cuya madera ha oscurecido por la oxidación).
Tratamiento curativo por inyección profunda
El tratamiento curativo más eficaz para la madera estructural en obra es la inyección de producto insecticida mediante válvulas anti-retorno. Se realizan perforaciones en la madera siguiendo un patrón sistemático —generalmente al tresbolillo, con separaciones de 25-35 cm— que aseguran la distribución uniforme del producto en toda la sección de la pieza. Las válvulas anti-retorno evitan que el producto fluya hacia el exterior una vez inyectado, garantizando su permanencia en el interior de la madera.
Los productos utilizados son insecticidas de amplio espectro con actividad residual prolongada: piretroides sintéticos (permetrina, cipermetrina), imidacloprid u otros neonicotinoides, y en algunos casos organofosforados autorizados. La concentración del producto y el volumen inyectado se calculan en función del tipo de madera, el espesor de las piezas y la especie de xilófago. Tras el tratamiento, las perforaciones se sellan con masilla compatible para restaurar el aspecto de la madera.
Tratamientos por aspersión o pincelación
En estructuras donde la inyección profunda no es posible —maderas muy deterioradas, elementos de pequeño espesor, zonas de difícil acceso— la aplicación superficial de productos insecticidas de penetración profunda puede ser una alternativa eficaz para infestaciones superficiales. Se aplica el producto con brocha, rodillo o pistola airless sobre todas las superficies accesibles de la madera, asegurando una cobertura completa y uniforme. Se realizan generalmente dos manos en intervalos de 24-48 horas.
Fumigación con gases o termonebulización
Para infestaciones generalizadas en edificios con dificultades de acceso —techos muy elevados, estructuras muy complejas— la fumigación con productos volátiles o la termonebulización pueden ser alternativas eficaces. La termonebulización consiste en vaporizar el producto insecticida mediante calor, generando una niebla de partículas muy finas que penetran en los poros, grietas y galerías de la madera. Su eficacia es alta para larvas y adultos en el interior de la madera, pero menor para huevos profundamente enterrados.
Los gases de fumigación (óxido de etileno, fosfina) son más agresivos y eficaces, pero requieren la evacuación completa del edificio y el sellado de la zona tratada durante el período de exposición. Se utilizan principalmente en casos de infestaciones muy graves o para tratamientos de objetos de gran valor —obras de arte, instrumentos musicales— donde la preservación del material no permite intervenciones mecánicas.
Control de temperatura: el método ecológico más prometedor
El tratamiento de la madera mediante temperatura elevada —por encima de 55°C durante al menos una hora— destruye todos los estadios de los insectos xilófagos presentes. Es un método ecológico, sin residuos químicos, que no altera las propiedades de la madera ni deja sustancias extrañas en el material. Para elementos desmontables (muebles, puertas, vigas accesibles), el tratamiento en cámaras de calor es hoy una opción muy competitiva, especialmente cuando se busca una solución libre de biocidas.
Control de calidad y seguimiento post-tratamiento
Cualquier tratamiento curativo debe ir seguido de un período de seguimiento que permita verificar su eficacia. El protocolo estándar incluye inspecciones visuales cada 3-6 meses durante el primer año post-tratamiento, y la implantación de medidas de vigilancia —trampas de captura, estaciones de monitorización— para detectar cualquier signo de persistencia o de reinfestación. Si el seguimiento confirma que la infestación ha sido eliminada, se realizará un tratamiento preventivo de mantenimiento y se establecerá un calendario de inspecciones periódicas. Visita nuestra página web, retma.es, y no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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