
Los hongos que descomponen la madera son organismos saprofitos que necesitan una serie de condiciones para desarrollarse: presencia de oxígeno, temperatura entre 3 y 45°C (con un óptimo entre 20 y 30°C), sustrato nutritivo —la propia madera— y, sobre todo, un contenido de humedad de la madera superior al 20%. Este último factor es el más importante y el más manejable desde el punto de vista de la prevención: una madera seca no se pudre. Esta regla práctica simplifica enormemente las estrategias de prevención.
Las fuentes de humedad que pueden elevar el contenido de humedad de la madera estructural por encima del umbral crítico son variadas: filtraciones de cubierta o fachada, condensaciones intersticiales, humedades por capilaridad ascendente, escapes de instalaciones de fontanería, deficiencias en la ventilación de los forjados sanitarios y condensaciones superficiales en locales de alta humedad. Identificar y eliminar la fuente de humedad es siempre el primer paso de cualquier intervención contra la pudrición.
Tipos de pudrición: marrón, blanca y blanda
Pudrición marrón o cúbica
La pudrición marrón es producida por hongos basidiomicetos que degradan preferentemente la celulosa y la hemicelulosa de la pared celular, dejando intacta (en estadios iniciales) la lignina. El resultado es una madera que adquiere una coloración marrón oscura y que, en estado avanzado, se fragmenta en pequeños bloques cúbicos con fendas transversales. La pérdida de resistencia mecánica es muy elevada: la madera afectada por pudrición marrón avanzada puede perder más del 80% de su resistencia original.
Entre las especies causantes de pudrición marrón, la más temida en edificios es la Serpula lacrymans, conocida como «hongo de sótano» o «hongo pardo de la madera». Esta especie destaca por su capacidad excepcional para transportar agua activamente a través de sus cordones miceliales, lo que le permite desarrollarse en condiciones de humedad más bajas que otros hongos y propagar su ataque a maderas relativamente secas. Una infestación de Serpula lacrymans puede extenderse rápidamente por toda una estructura si no se ataja a tiempo.
Pudrición blanca o fibrosa
La pudrición blanca es causada por hongos que degradan tanto la celulosa como la lignina, aunque con mayor incidencia sobre esta última. La madera afectada adquiere un color blanquecino o amarillento y una textura fibrosa, esponjosa o laminar. A diferencia de la pudrición marrón, la madera con pudrición blanca tiende a desmenuzarse en fibras en lugar de fragmentarse en bloques. Es más frecuente en maderas de frondosas y en condiciones de humedad muy elevada.
La pudrición blanca también puede afectar a las propiedades mecánicas de la madera de manera significativa, aunque generalmente de forma más gradual que la pudrición marrón. La reducción de la densidad y la pérdida de rigidez son los primeros efectos, seguidos de una reducción progresiva de la resistencia a flexión y a compresión. La inspección periódica permite detectar estos cambios antes de que comprometan la seguridad estructural.
Pudrición blanda
La pudrición blanda es producida por hongos ascomicetos y deuteromicetos que atacan las capas superficiales de la madera en condiciones de humedad muy elevada o de contacto directo con agua. Es frecuente en maderas expuestas a la intemperie, en contacto con el suelo o sumergidas en agua. La madera afectada presenta una capa superficial blanda y oscurecida, mientras que el interior puede estar relativamente intacto. Su impacto estructural es generalmente menor que el de la pudrición marrón o blanca, pero puede ser la puerta de entrada de ataques más graves.
Identificación y evaluación del daño
La identificación visual de la pudrición es posible en estados avanzados, cuando la madera muestra cambios de color, textura o consistencia evidentes. Sin embargo, en las fases iniciales del ataque —las más importantes de detectar para evitar daños graves— los cambios pueden ser muy sutiles. El sonido a hueco al percutir la pieza, la resistencia disminuida al clavar un punzón o la presencia de fructificaciones fúngicas (cuerpos fructíferos de hongos) en superficies adyacentes son signos de alerta que exigen inspección técnica.
El resistógrafo es la herramienta más eficaz para evaluar la extensión del daño en el interior de las piezas. El perfil de resistencia a la perforación permite identificar con precisión las zonas degradadas y calcular la sección transversal remanente de la pieza. Esta información es fundamental para determinar si el elemento puede ser consolidado o debe ser sustituido, y para cuantificar el refuerzo necesario en caso de reparación.
Intervención: eliminar la causa y tratar el daño
La intervención ante un caso de pudrición debe siempre comenzar por la eliminación de la fuente de humedad. Sin esta medida previa, cualquier tratamiento fungicida o reparación estructural será ineficaz a largo plazo: la pudrición volverá a desarrollarse. La corrección de las filtraciones, la mejora de la ventilación, la instalación de láminas impermeabilizantes en los puntos de contacto madera-obra y el tratamiento de las humedades capilares son medidas que deben adoptarse antes de cualquier trabajo sobre la madera afectada.
Una vez eliminada la humedad, la madera afectada debe secarse completamente —por debajo del 20% de contenido de humedad— antes de proceder al tratamiento o la consolidación. La aplicación de productos fungicidas de penetración profunda mata a los hongos activos y crea una barrera preventiva. Según RETMA, las zonas más degradadas pueden ser consolidadas con resinas epoxi, que rellenan las cavidades y restauran la integridad mecánica de la pieza. En casos graves, la sustitución total o parcial de la madera afectada puede ser la única opción viable. Visita nuestra página web, retma.es, y no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

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